Por: Dr. Eduardo Monteverde
Maldonado
La hipocondriasis y la teoría de
los humores
Antiguamente en la época de
Hipócrates, los médicos de la antigua Grecia creían en la teoría de los cuatro
humores. Esta teoría sostiene que el cuerpo humano está compuesto por cuatro
humores: bilis negra, bilis, flema y sangre. Y que el desequilibrio de alguno
de estos, podía causar diversas enfermedades en el organismo. Actualmente esta
teoría esta en desuso, sin embargo el término hipocondriasis proviene de ahí.
El hipocondrio es una región que se encuentra situada bajo las costillas y la
apófisis xifoides. Es aquí en donde según esta teoría, se podían acumular los
humores en forma de vapor, causantes de este mal.
Nuevo nombre, mismo trastorno
Con la llegada de la nueva
clasificación psiquiátrica DSM-5, muchos de los criterios diagnósticos quedaron
intactos, sin embargo se cambió el nombre de algunos trastornos y muchos otros
se agruparon en una sola categoría. Actualmente clasificado en la CIE-10
(Clasificación Internacional de las Enfermedades, décima edición) como
“Trastorno hipocondriaco”, el nuevo nombre con el que se le denomina es “Trastorno
de ansiedad por enfermedad”
Manifestaciones clínicas
La característica principal de
este trastorno es la preocupación que persiste de tener una o más enfermedades,
a partir de sensaciones o fenómenos normales corporales que la persona que lo
padece interpreta como excepcionales y molestos, además de existir una
convicción que varía en grado de intensidad, de padecer una enfermedad grave.
Si hay una enfermedad médica que coexista, la preocupación es claramente
excesiva o desproporcionada. Suele acompañarse de ansiedad y depresión intensa.
Rara vez comienzan después de los 50 años y el curso es crónico oscilatorio.
Muchos enfermos, en especial los que padecen formas más leves del trastorno,
permanecen en la atención primaria, siendo atendido la mayoría por médicos no
psiquiatras, que les solicitan un sinfín de estudios laboratoriales, de
imágenes etc... Todos los cuales arrojan resultados normales o los hallazgos no
tienen relación con el grado de discapacidad referido. Es pues la distorsión
cognitiva del paciente, es decir, el pensamiento y la percepción del paciente,
lo que hacen más difícil el manejo. Con frecuencia se toman a mal cuando son
referidos al área de psiquiatría. Ante esto muchas veces cambian a otro médico
para continuar con la interminable lista de estudios que a pesar de haberse
realizado, se vuelven someter por “la posibilidad de que en ese momento no se
encontró lo que se esperaba o algún
posible error en el resultado”. De manera que todas las personas que padecen el
trastorno ocasionan un significativo uso del sistema de salud, con la
consiguiente sobrecarga del mismo y desgaste en estudios que la mayoría de las
veces no tienen alguna indicación médica precisa y se hacen más para
“tranquilizar” al paciente o descartar posibles comorbilidades. Esto a veces
resulta contraproducente, ya que el resultado normal de un estudio, lejos de
“tranquilizar” al paciente, lo pone más ansioso pensando en realizarse otros
estudios para descartar otra enfermedad o buscar otras opiniones; sobre todo
cuando el médico tratante, con fundamentos clínicos y apoyado en los estudios
realizados le demuestra al paciente que no padece la enfermedad catastrófica
que cree tener y lo deriva a psiquiatría. Algunos enfermos manipulan a su
familia mientras que otros pueden mantener un comportamiento social, prácticamente
normal.
Debido a que uno de los criterios
diagnósticos es la negativa persistente al aceptar las explicaciones que
después de múltiples estudios normales, diferentes médicos les dan, no es una
enfermedad fácil de tratar. Para el enfermo con hipocondriasis, su vida gira en
torno a los síntomas que percibe inequívocos de la enfermedad catastrófica que
se cree tener. Este estado de estar pensando en la enfermedad y el sentirse
continuamente al borde de la muerte, ocasiona una liberación aumentada de
ciertas hormonas como la adrenalina, que con el tiempo provoca síntomas que son
reales, la persona no los finge, pero que no corresponden a la enfermedad que
se piensa tener, sino que son secundarios a estados depresivos-ansiosos. Es
poco difundido que la ansiedad puede causar dolor, por eso ni tampoco la tiene
fácil el psiquiatra al explicarle al paciente que los síntomas que
efectivamente tiene y siente, aunque son reales, no son debidos a las
enfermedades que cree tener, sino que se derivan únicamente de una enfermedad
que en este caso ahora se le llama “Trastorno de ansiedad por enfermedad”. El
hecho de tener otras enfermedades que no sean psiquiátricas, también complica
el diagnóstico y el tratamiento. Son pacientes que están en riesgo de que cuando
padezcan otras enfermedades, sus síntomas van a ser confundidos con los del
trastorno. Por eso la importancia de la canalización oportuna al psiquiatra,
puede evitar mucho sufrimiento, desgaste familiar y económico, además de
liberar de una gran carga a los sistemas de salud.
Tratamiento
Con respecto al tratamiento, se
da en varios niveles. Desde la simple prevención de evitar estar hablando de
enfermedades o del trastorno mismo con el paciente, hasta la prescripción de
diversos psicofármacos como antidepresivos, ansiolíticos y antipsicóticos que
pueden atenuar o mejorar los síntomas. La psicoterapia también juega un papel
importante en el tratamiento. Y por último pero no sin restarle importancia, la
colaboración de la familia, para que puedan ayudarse y ayudar mediante el
entendimiento del trastorno y sus manifestaciones, evitando así caer en la
espiral progresiva y sin salida del paciente del estar constantemente
checándose, haciéndose estudios, etc..
También las personas que padecen
el trastorno de ansiedad por enfermedad, son propensas a caer en manos de
charlatanes que les inventan alguna enfermedad y les prometen curarlos. Es muy
común que este tipo de pacientes cuando llegan a la consulta de psiquiatría, lo
hacen moral, física y económicamente desgastados, y como un último recurso,
cuando en la práctica lo ideal sería que la consulta de psiquiatría se diera a
la par o ante la sospecha de padecer este tipo de trastorno. La persona con
trastorno por ansiedad por enfermedad, puede enfermar como cualquier otra persona,
por lo que es importante que tanto la familia, el paciente y el personal médico
entienda esto para evitar la estigmatización, y realizar estudios, solo cuando
medicamente estén indicados. Buscar el equilibrio de no caer en la
psiquiatrización de las enfermedades ni en lo contrario. Por eso, la
psiquiatría, como cualquier otra especialidad médica, debe integrarse, en el ámbito
hospitalario y en otros niveles de atención, además de la psicoeducación a los
médicos no psiquiatras sobre el trastorno para que sepan mejor identificarlo y
derivarlo a tiempo.


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